Introducción

Desplazamiento climático: una migración silente en Venezuela

Por Joshua de Freitas

En Venezuela hay un fenómeno poco visibilizado y creciente: la nación suramericana tiene migrantes y desplazados internos invisibles por factores ambientales y eventos potencialmente atribuibles al cambio climático. 

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) cataloga a América Latina y El Caribe como una zona altamente expuesta y vulnerable a los impactos del cambio climático, la degradación ambiental y los desastres. Venezuela, en particular, se inscribe en una de las zonas de América del Sur donde el impacto del cambio climático será mayor, según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). 

Estas alertas se deben no solo al hecho de que habrá sequías más severas o inundaciones más intensas, sino a la baja calidad de vida en el país, “sobre todo porque no hay políticas específicas para estos riesgos socioambientales, mucho menos para el impacto que tendrán”, asegura Claudia Vargas, socióloga especializada en migraciones de la Universidad Central de Venezuela. 

La OIM advierte que el desplazamiento climático es un evento complejo, con factores sociales, económicos y ambientales. Es un fenómeno difícil de rastrear, pero que con los años se hará más evidente.

Destierro Climático: Nuevas Migraciones Venezolanas reúne  historias de desplazados climáticos: la de Xavier Marín, un pescador del estado Zulia que migró para conseguir un empleo porque la Laguna de Sinamaica, donde vivía, es hoy más tierra que agua; las vivencias de Rosa Virginia, una ama de casa y jubilada que ve cómo el mar gana terreno progresivamente y amenaza a su comunidad en las costas de Anzoátegui; y los relatos de Laura Carpintero y Osdalys Rodríguez, quienes perdieron sus casas y sus seres queridos por el embate del Huracán Beryl en Cumanacoa. 

Se trata de los primeros indicios del desplazamiento climático en Venezuela, que ya se asoma en las historias de vida, en lo cualitativo, y cuyo impacto será innegable en el país a largo plazo. La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (Acfiman) prevé una pérdida de al menos 10 % del Producto Interno Bruto (PIB) venezolano por el aumento de las temperaturas, los periodos de sequía y la erosión costera para el 2030, sobre todo en el estado Zulia, en las regiones urbanas del norte del país y en las poblaciones agrícolas del occidente y del sur nacional. 

La ausencia de estadísticas impide la apropiada toma de decisiones. “No hay cifras, no hay datos, y es difícil elaborar una metodología para abordar el problema [del movimiento humano forzado] sin un censo actualizado” en el país, planteó Mirla Pérez, directora del Centro de Investigaciones Populares Alejandro Moreno, en un artículo sobre el desplazamiento interno de 2022. 

El último censo nacional cumplirá 14 años sin actualizarse, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) no tiene un sistema de alertas para futuros desastres de origen climático y el gobierno amenaza a los científicos para truncar la generación de datos independientes. 

Las estaciones meteorológicas del país son escasas: en 2006 había menos de 195 estaciones funcionales, según los reportes de la Acfiman. En los reportes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado del clima de América Latina y El Caribe entre 2021 y 2024 se reportan un máximo de 60 estaciones dentro del país. Ninguna de esas estaciones está a una distancia recomendada por la OMM —entre 900 y 5750 kilómetros cuadrados de separación dependiendo del bioma analizado— de las zonas afectadas descritas en esta investigación periodística.

Las instituciones públicas venezolanas tampoco ofrecen información exacta y actualizada de las estaciones pluviométricas y meteorológicas funcionales. 

“Debe haber institucionalidad. Si bien existen apartados que hablan del cambio climático en el Plan de la Patria, todo se queda en la narrativa. Debe haber acciones también”, recalca María Eugenia Gutiérrez Mijares, especialista en gerencia institucional sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y colaboradora de la Acfiman. “El cambio climático es un tema transversal y ha costado mucho que se entienda de esa manera. Necesita de financiación y de un trabajo conjunto entre las instituciones gubernamentales, las academias y la sociedad civil”.

Destierro Climático: Nuevas Migraciones Venezolanas incluye una base de datos de mediciones satelitales en las localidades de Sinamaica (Zulia), Cumanacoa (Sucre) y El Hatillo (Anzoátegui). Si bien la mayoría de los datos provienen de instituciones como la NASA, la Acfiman advierte en su primer informe sobre el cambio climático en el país que se necesitan datos locales para llegar a un consenso científico sobre el impacto ambiental en el territorio nacional. 

Mientras decenas de personas se desplazan, otros prefieren permanecer. Esta investigación periodística presenta un documental sobre la otra cara del desplazamiento ambiental venezolano: las personas que deciden quedarse en la Laguna de Sinamaica, pese a su deterioro. Uno de los hilos conductores de estas historias es el desplazamiento corto y dentro del país por el vínculo emocional que los afectados tienen con su lugar de origen; quienes sufren la misma vulnerabilidad social y ambiental desatendida por el Estado venezolano. 

Los afectados, sin saber que existe un término como el desplazamiento climático, se mueven forzosamente en un ambiente más hostil para los migrantes y desplazados venezolanos. “Los países de Latinoamérica han tenido la tendencia de ‘securizar’, de cerrar sus fronteras, y cada vez es la sociedad civil la que vela por los Derechos Humanos en los migrantes”, advierte Vargas. “La región requiere más oportunidades para que la sociedad civil tenga más espacios dentro de los gobiernos para proponer ideas y dar soluciones respecto al fenómeno migratorio venezolano en sus países”. 

Aunque ya se cuentan migrantes y desplazados internos por factores ambientales en Venezuela, las proyecciones del IPCC y el Banco Mundial establecen que la emigración e inmigración crítica relacionada al cambio climático podría llegar para el 2030 e intensificarse más para el año 2050. Venezuela, como foco de vulnerabilidad socioambiental elevada, agregaría al cambio climático como otro factor a su gran ola migratoria registrada desde 2014. 

El Glaciar La Corona ya no sería el único lugar venezolano que tuvo el riesgo de desaparecer por el cambio climático.